Y la
idea de contárselo a alguien es siempre una tentación. No soy de grandes masas,
pero sí de biunicidades, y el compartir este pequeño secreto pues… establecería
un vínculo secreto con esa persona, un pequeño guiño en un mar de agua
(estúpido por tanto, pero llamativo) y quedaría ahí, un detalle. Pero no, seré
fuerte, quiero ser fuerte
miércoles, 17 de julio de 2019
viernes, 22 de marzo de 2019
10
Ejemplo de la interferencia del potencial lector según lo
dicho antes: ¿Cuántas entradas son adecuadas para este blog? Es probable que
dentro de algún año de alguna forma alguien llegue aquí, pero si se va a encontrar con tropecientas
entradas posiblemente no se va a leer ninguna, se sentirá apabullado y no lo
leerá. Y es una situación extraña… Hago un blog que nadie va a leer, y los lectores que no me van a leer alteran
la estructura de mi blog. Digno de reflexión. Me preocupa.
viernes, 14 de septiembre de 2018
9
Otra ventaja, no me tengo que preocupar en entretener a
nadie, solo en no aburrirme. ¿Es positivo saber que hay alguien detrás
leyéndolo? Dos opuestos, ¿saber que no hay nadie hace que me ponga las
zapatillas de estar por casa y me relaje demasiado? ¿o saber que hay alguien
entorpece la libertad en el proceso? ¿Intimida la existencia de alguien? Si
alguien de mis fieles lectores quiere hacer la prueba puede coger un teléfono
(de los antiguos) que lo descuelgue y que hable una conversación normal, solo,
sin nadie detrás, luego que llame a alguien y que intente decir lo mismo, no es
igual, ¿no?
¿Por qué me empeño en decir “no” como coletilla final?
¿Acaso responde alguien?
miércoles, 10 de enero de 2018
8
Tengo una obsesión tranquila, hace tiempo que se aloja
dentro, pero hasta hace poco no me percaté del calado que tiene en mí, tiene
que ver con esa “pulsión del no” que menciona Vila-Matas, no tanto en el
cortejo del “no” como respuesta activa frente al desarrollo artístico, más bien
trata sobre la invisibilidad. Siento una enorme atracción hacia lo invisible,
lo que puede ser pero no es (o al menos no se ve), aquello que está en segunda
fila, lo que está un paso atrás de lo visible, lo que no se esconde pero no se
muestra, las potencialidades que no se desarrollan pero que podrían ser, el
universo enorme brillante y diferente que podría surgir si toda la primera
línea cayera; de alguna forma a matizar me incluyo, y somos el recambio que
nunca se pedirá, pero existimos, nadie nos puede medir, lo potencial se puede
vislumbrar pero no sondar, algunos valdremos menos y otros más, pero contenemos
otra historia completa de la humanidad, una historia que jamás saldrá a la luz,
pero que salva el saber que existe, se saborea lo invisible por indefinido y
por potencial, puede saber mejor que muchas concreciones. Viviremos fresquitos
a la sombra, a no ser que a alguno nos alcance el sol, que todo lo seca.
Enormemente adecuado al propósito de este blog, ¿no?
lunes, 26 de junio de 2017
7
Hoy hago un inciso, no os pongais nerviosos. Es de esos raros días en que si no hablo reviento, aunque mi sonido se reabsorba en este agujero negro del silencio.
Hoy dejaré de hablaros por una vez de silencios y gritos sordos. Porque hoy quiero hablar de sonidos, sonidos audibles, entiéndase. Concretamente de una canción.
Cualquiera puede escribir sobre una canción. Lo importante
es lo que escribas de ella. En mi caso, cuando la canción lleva días sonando en
mi cabeza y en mis oídos, se juntan necesidad y deseo cuando afronto estas
líneas. Es cuando la música te obliga finalmente a escribir cuando te das
cuenta que realmente hay algo en tu interior que se moviliza y clama por
expresarse, por decirse, por trazarse.
Que conste que no es una canción perfecta, pero se acerca.
Es resultado del buen uso de la conjunción de talento y medios, lo cual no es
siempre habitual. El planteamiento es excelente, y adoro algunas líneas tenues
que llega a marcar. Una de ellas es ese atrevimiento de reducir el
imperio de lo melódico, para dejar que se inmiscuya lo armónico y lo percusivo.
En estas músicas la melodía impera con brazo de hierro, reducir su poder y
resaltar todo el acompañamiento en igualdad de condiciones es algo transgresor y hermoso. Sí
es cierto que, en uno de sus fallos, (y en contradicción con lo anterior) pecan
de sobrecargar de elementos protagonistas el tema, cuando deberían seguir
incidiendo en ese planteamiento que habían apuntado, dejar alguna parte en la que
lo secundario fuera lo principal. Lo melódico enriquece, pero tanto canto
africano, melodía bretona, canto bretón y rap dejan poco lugar a ese silencio
melódico que no obstante llegan a dejar intuir.
También es deliciosa esa rotura armónica que hacen al
comienzo de una parte (el que lo escuche lo entiende) dentro de esa
transparencia cristalina, dentro de esa producción exquisita que casi deja
contemplar las cuerdas vocales de los cantantes, dentro de esa minuciosidad
juegan a romper lo armónico, dejar un par de acordes imprevisiblemente rotos,
¡y aciertan!
Un fallo, si así se puede nombrar, es que alcanzan el culmen
demasiado rápido, lo que se consigue en el primer minuto de canción ya no se
supera (salvo la elegancia en las últimas vueltas de ese efecto de “melodía percusiva”),
no siguen ese habitual patrón progresivo de intensidad. La diferencia es que en
este caso, no parece que hacerlo así sea intencional, sino colateral.
Y el último fallo, quizás el único real, puede que los
anteriores sean tiquismiqueces mías. Pero este no, claramente. No hay necesidad
de esos golpes rítmicos al final de la canción, con sabor ochentero-noventero,
me da igual que sean samplers, orquesta o teclado, pero ¡desprenden un aroma
rancio impropio de todo el planteamiento!
Tras lo anterior: filosofía.
¿Cómo puedo buscar algún fallo a una canción que supera los
límites de lo mejor que pueda hacer o imaginar musicalmente yo en toda mi vida?
¿Cómo me atrevo siquiera a insinuar fallos? Alguien hace una obra maestra y de
repente nosotros, todos, tenemos opinión. Y es hermoso y terrible que nos
pongamos al mismo nivel nosotros, vagos, incapaces y perezosos muchos a apuntar
errores y “falsas opiniones fundadas”. Lo malo es que lo contrario tampoco me
vale, no podemos afrontarlo con la mirada de un campesino cuando ve una
catedral… pero… ay, ¿dónde nos ubicamos?
En mi caso voy a remarcar la enorme admiración que siento,
el buen criterio general seguido, las buenas indicaciones pautadas, la
fantástica elección de músicos e intérpretes. Lo mejor insisto, la excelente
planificación, el vuelo del águila que supo ver desde arriba y dirigir tan excelsas
tropas.
Para terminar voy a castigaros, queridos lectores, pues para incentivar vuestros
anhelos, me guardo (hoy al menos) la identidad del tema. Quizás así busquéis la
sensación que provoca el arte más allá de consumirlo.
miércoles, 11 de enero de 2017
6
¿O podría escribir de todo? ¿Debo ceñirme a esta volatilidad
fantasmal? ¿Hasta qué punto conviene respetar el leit motiv? La respuesta que
pienso es esta: el aroma. Debe oler a lo mismo todo, debe evocar el origen,
sutil a veces, impertinente otras, pero debe estar ahí, provocando al cerebro
para que lo interprete.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
5
Una duda, si pongo palabras o conceptos prohibidos ¿alguna
agencia gubernamental me leerá? Hagamos la prueba:
- - Pornografía (acaban de descartar el 10% del
total de páginas de internet, mal comienzo)
- - Planos para construir bombas
- - Pensamiento crítico
- - Impresión 3D de pistolas
- - Flatulencia
- - Decencia política
La primera agencia que contacte conmigo se llevará un pin de
regalo, con gastos de envío a su cargo de 2,99 €, hasta agotar existencias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)