Sigo existiendo en silencio, tan a gustito, con cuatro hijos fantásticos, en una edad ideal, en la que todavía todos ellos siguen jugando juntos. Con un trabajo exigente, pero cómodo, inventando un equilibrio no fácil, pero sí satisfactorio. Afortunado, sintiéndome afortunado, muy afortunado, relativamente consciente de la suerte que me rodea. Nunca juego lotería, no pido más suerte que la que tengo, que no es poca. Vivimos mejor que reyes de otras épocas. Nuestra lucha queda con nosotros, con nuestro interior, lo cual puede que no sea sencillo, pero es un lujo.
Nuestra sociedad, entre otras muchas cosas, se caracteriza por el cacareo, alto y corto, primamos nuestro grito de "existo" frente al resto, de hecho nos cuesta definir el "resto".
Yo habito el silencio, y envidio la voz, quizás deba quedarse así.